Como convertir tu casa en un refugio, para hacerla más vendible

Por Sofia Di Mitrio, Corredor Inmobiliario

La pandemia trajo una nueva valorización del lugar que se habita. Ese largo período de encierro permitió descubrir que todo hogar debe ser como un refugio. Un lugar donde resguardarse del exterior y para disfrutar solo, en familia y con los amigos.

Aquí te acercamos algunas claves –de bajo costo– para que transformes tu casa o tu departamento si estás pensando en venderlo próximamente. De ese modo, harás que tu vivienda sea deseable, querible, vendible.

Los colores

Los tonos cálidos y neutros en la decoración en general –y en las paredes en particular– generan una agradable sensación de calma, de placidez, de confort.

Las mantas, los cubrecamas, las cortinas y lo almohadones en los mismos colores ayudan a potenciar ese efecto.

La iluminación

No hay nada como la luz natural para lograr un clima acogedor. Por eso es importante quitar todo lo que obstaculice su entrada: cortinas de telas densas, adhesivos puestos sobre los vidrios de las ventanas, macetas y otros objetos acumulados en los balcones.

También ayuda mucho el uso de lamparitas de tonos cálidos. Y muy especialmente la utilización de lámparas de pie o bajas.

Los objetos

El exceso de cuadros, adornos en la biblioteca, portarretratos, mesas auxiliares, sillas y sillones atentan contra la idea de orden, de tranquilidad.

Es bueno tomar la decisión de vender, donar, regalar o directamente desechar todos aquellos objetos que por su número generen agobio, abarrotamiento.

Una vivienda despejada de objetos –pero no carente de los que son verdaderamente necesarios– da, además, sensación de pulcritud.

La funcionalidad

Los elementos que no funcionan necesitan ser reparados. Puertas, ventanas, canillas, enchufes y otros deben estar en estado óptimo. Y no solo para la futura compradora o el potencial adquirente de la vivienda. También es bueno considerar que eso beneficia a sus actuales habitantes.

A veces, por ejemplo, la costumbre hace que se deje una persiana que no funciona bien tal como está. Pero la posibilidad de vender la vivienda implica renovar la energía a fin de que ella brille.

Los detalles

Una moldura despintada o un zócalo ausente son detalles que, por su importancia, no deberían llamarse “detalles”.

Esas pequeñas imperfecciones serán advertidas de inmediato por quien visite la propiedad con ánimo de conocerla y, tal vez, adquirirla.

“Siempre he sostenido el axioma de que los pequeños detalles son, con mucho, lo más importante”, dice el escritor británico Arthur Conan Doyle. Él es el creador del inolvidable personaje Sherlock Holmes, y el autor libros ya clásicos como “Estudio en escarlata” y “El sabueso de los Baskerville”.

El exterior

De nada sirve tener habitaciones impecables y bien acondicionadas, si al exterior de la vivienda no se le ha prestado la misma atención, el mismo cuidado.

Por ejemplo, las plantas de la entrada de la casa tienen que lucir saludables, radiantes. De igual modo la puerta del departamento no debería presentar rasguños, marcas o falta de pintura.

El exterior es lo primero que verá el individuo que se acerque a conocer la vivienda. A menudo, la persona se hace una primera imagen de lo que verá en el interior a partir de aquello que halla en el exterior.

La mirada de la inmobiliaria

Una inmobiliaria actualizada, moderna, va a brindar su opinión sincera sobre el aspecto general de la vivienda. Y eso lo hará antes de mandar a un fotógrafo y videasta profesional para tomar las imágenes que irán luego al sitio web, las redes y los portales especializados en bienes raíces.

Esa opinión sincera la complementará con algunas pautas de home staging.

El home staging es un conjunto de técnicas que ayudan a que una vivienda potencie sus virtudes, para venderla sin demoras.

Sería algo así como “poner en escena” el inmueble la meta final de convertirla en un objeto de deseo, algo que otro quiera poseer.

Cada casa es única

Es verdad que cada casa es única y tiene que transmitir la personalidad de quienes la habitan.

A la vez, es preciso que la propiedad sea percibida –sin lugar a dudas– como un refugio. Esto es, un lugar seguro, protegido. Que proporciona resguardo, tranquilidad, placer. Y, como consecuencia de todo ello, felicidad.

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